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Al pie de Peñalobera el terreno desciende en suaves ondulaciones hasta el
Ebro. Son tierras arcillocalcáreas, casi blancas, albarizas se
llaman, no muy productivas, las mejores para viña. Es el pago de Reminde,
equidistante de las torres de las iglesias de San Asensio y de Briones, y
del monasterio de La Estrella. Cuando en la viña se realizan las labores a
mano, basta un leve soplo de cierzo para oír las campanadas de la iglesia de
Briones, y cuando sopla el solano se pueden oír hasta los cuartos del reloj
de La Estrella.
Nuestra viña plantada hace 30 años ocupa una hectárea, en su mayor parte
de blanco viura, en la ladera orientada hacia el suroeste. Produce
uvas de grano pequeño, dorado, de aroma delicado y profundo.
Pero en la parte más elevada del terreno y en la que desciende hacia el
noreste, al resguardo del cierzo, donde la tierra es más blanquecina, se
encuentran unas pocas cepas de tinta tempranillo, unas quinientas, de brazos
retorcidos y nudosos, resultado de su edad, que año tras año ofrecen unos
1.000 kilos de uvas menudas y airosas, cargadas de dulces aromas. |
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