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De rojos y taninos: antocianos y taninos

Alguien dijo en cierta ocasión que el destino natural del vino tinto es convertirse en vino blanco: ¿qué pasa con el color en el vino?

Dicen algunos, y no les falta su razón, que el vino es un estadio intermedio entre el mosto y el vinagre. A decir verdad, si la mano del hombre no interviniera de nuevo, el destino final y natural de todo vino sería convertirse en vinagre. Claro que, afortunadamente, antes de que ello suceda, siempre está el recurso de beberse el vino.
Dice otro, y tampoco le falta su razón, que el vino tinto es un estadio previo al vino blanco.
Este “otro” es D. Manuel Ruiz Hernández, pero me corresponde a mí dar explicación de ello. Partamos de estos principios.
Todos lo vinos tienen un componente de color amarillo. Además, los rosados y tintos tienen también otro componente de color rojo.
El componente amarillo aumenta su color con el paso del tiempo por condensación. El componente rojo tiende a desaparecer con el paso de los años.
Los antocianos, responsables del color rojo, proceden de la piel de la uva negra.
Los taninos, responsables del color amarillo, se hallan muy poco en la pulpa pero sí en la piel y sobre todo en las pepitas y el raspón de toda uva.
Los taninos además proporcionan los sabores amargos y astringentes al vino.
Antocianos y taninos forman parte del grupo de los compuestos fenólicos de los vinos.
Teniendo esto en cuenta podemos entender que la vinificación del blanco se realiza a partir de uvas blancas (por tanto, sin color rojo o antocianos) y desechando la mayor parte de los taninos que se hallan en hollejo, pepitas y raspones.
En los vinos blancos el análisis químico revela que carecen de práticamente de antocianos y que poseen menos taninos que los tintos; el análisis visual muestra un predominio del color amarillo: prácticamente incoloro de joven evolucionando hacia los dorados y luego tostados con la edad.
La relación entre rojos y amarillos o antocianos y taninos nos lleva a dar un paseo por la viña, la fermentación y la crianza de los vinos.

Buscando colores en la viña
En primer lugar cada variedad de vid tiene su propia riqueza de compuestos fenólicos: por ejemplo, el cabernet-sauvignon y el merlot tienen mayor riqueza polifenólica que el tempranillo y éste mayor que la garnacha.
Además la presencia de los polifenoles puede ser modificada por otros componentes del mosto y del vino como la acidez: así, la cepa de tempranillo absorbe mayor cantidad de potasa del suelo que la garnacha, lo que produce uvas más pobres en acidez. De este modo, la uva tempranillo da mostos morados y la garnacha rojizos y es que los antocianos en presencia de una acidez fuerte dan tonos rojo vivos y si la acidez es débil dan tonos morados.
Igualmente a mayor producción menor presencia de polifenoles, mientras que un rendimiento moderado da un color intenso y oscuro. También la baya pequeña propiciará la concentración fenólica. Por el contrario, la viña joven da colores de vinos más vivos pero no intensos. El clima de la zona condiciona también el color: una insolación insuficiente dará tintos de menos color o “abiertos”, mientras que las zonas mediterráneas ofrecen vinos saturados de color o de “gran capa”. Esta relación entre antocianos (o rojos) e insolación determina que el límite de cultivo en las cepas tintas sea más bajo en latitud que en las cepas blancas.
No sé si es el momento de hacer notar que no me parece muy adecuado emplear los términos “de media capa” o “de poca capa” para referirse a los vinos “abiertos”, pues denotan un cierto matiz peyorativo (recuerda a "de medio pelo”). Aunque hoy estén más de moda los vinos “cerrados” (¿a que también suena mal?), nada se puede censurar a los tradicionales vinos finos de burdeos o rioja mucho más “abiertos”.

Vinificación es extracción de rojos y amarillos
La vinificación del tinto se basa en la extracción de los rojos y de los amarillos pero todo en su justa medida.
La maceración de las uvas durante la fermentación busca, en primer lugar, extraer el color rojo de los hollejos. Los antocianos se extraen más rápidamente: en unos pocos días alcanzan su pico, iniciando luego un suave descenso. Los taninos salen más despacio. Si lo que buscamos es un vino fresco para ser consumido joven, con buen color pero poco astringente, nos bastará un encubado más corto siempre que partamos de uvas bien maduras.
Pensando en el vino para crianza, una maceración prolongada incluso más allá de la fermentación nos proporcionará una mayor extracción de los taninos. Por supuesto, que si la uva ha sido despalillada habremos reducido el riesgo de un exceso de aspereza procedente del tanino del raspón. También es evidente que el vino de prensa ha de contener una mayor concentración de taninos pero, como todo bodeguero sabe, este vino ha de ser distribuido con inteligencia.
Paradójicamente, la maceración carbónica es tan peculiar que pese a la presencia de raspones, pepitas y hollejos hay menor extracción de materia polifenólica, es decir, menos color y menos astringencia, luego ideal para vinos jóvenes.

Criar es asociar rojos y amarillos
Cuando llega la crianza, el roble de calidad aporta también sus taninos (taninos pirogálicos) y permite la microoxigenación a través de sus poros. La crianza del vino tino será el arte de ralentizar la desaparición del tono rojo y de suavizar la aspereza del color amarillo o tanino. Esto se consigue logrando la asociación del rojo con el amarillo. A este proceso se le denomina polimerización: con ella se busca, por un lado, obtener moléculas de mayor tamaño y por ende menos ásperas; por otro lado, el color rojo, que de suyo tiende a deteriorarse, se asocia con el amarillo y permanece.
Una buena crianza nos dará tonos rubíes y taninos suaves, una mala tonos cuero y aspereza.

El buen vitivinicultor
En suma, el buen vitivinicultor ha de saber crear en la viña rojos y amarillos, extraerlos en la vinificación y polimerizarlos en la crianza.
Como todos estos elementos (antocianos, taninos, índice de polifenoles, índice de polimerización) pueden ser medidos técnicamente, está en nuestra mano seleccionar los mejores vinos aptos para la crianza y sacarles el máximo provecho. Así no permitiremos que nuestro tinto se convierta en un “vino blanco”.

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